Cuando me imagino como profesora de español me gusta pensar en alguien que motiva al estudiante y entiende las necesidades y contexto de cada estudiante caso por caso. Me gustaría ser considerada como parte del grupo y no como una figura de autoridad, sobretodo en grupos de edades más avanzadas. La comunicación y diálogo deben ser de gran importancia en el aula a diferencia de mis experiencias pasadas como alumna de L2, en las que a menudo el profesor hablaba gran parte de la clase y la mayoría de las actividades eran por escrito. Si bien la gramática es esencial para el aprendizaje de la lengua, esta sería introducida de forma pasiva dentro de otras actividades y no dedicándole horas a las reglas. Privilegiaría el trabajo en grupos pequeños para promover la autonomía y la autocorrección y el alumno sería el protagonista de la clase pues la práctica de la lengua es esencial para su aprendizaje. Como profesora, mi corta edad me ayuda a entender mejor las necesidades de las nuevas generaciones y el uso de tecnologías pero también me puede limitar para ser tomada en serio por mis alumnos. Creo que puedo ser propensa a cometer el error de querer abarcar demasiadas cosas en poco tiempo o ser demasiado exigente con mis alumnos aunque tenga paciencia. La necesidad, el objetivo final de mis alumnos será el mismo que el mío en el aprendizaje de lenguas: aprender a comunicarse en situaciones veraces y no creando situaciones irreales construidas en el aula base que se repitan. El alumno debe ser autónomo, poder improvisar con el uso de la lengua
divendres, 25 de setembre del 2020
diumenge, 20 de setembre del 2020
Profesor ideal
El profesor ideal es aquel que tiene un gran conocimiento del español (C1/C2) y de la cultura hispanohablante. Debería mostrar un mínimo interés no sólo por el dialecto y cultura de su país sino por la de otros de los veinte países que practican esta lengua.
Un buen profesor es un buen estudiante. Este debe conocer los métodos de enseñanza y de aprendizaje de los más tradicionales a los más nuevos. Para ello, sigue una formación constante en el campo de la formación. Sigue haciendo cursos, leyendo o asistiendo a conferencias sobre la educación y el español. Un interés en las lenguas ayudaría al enseñante a comprender las necesidades del estudio de una L2.
La misma curiosidad fruto de la faceta de alumno del docente le va a llevar a manejar (al menos en un nivel B1) la lengua del país en el que enseña. Esto va a permitir poder hacer paralelismos entre la lengua del estudiante y el español, para así poder ver cuáles son las mayores diferencias entre su lengua y la lengua enseñada. A su vez, consciente de su vínculo con la lengua , también se va a interesar por la cultura del país en el que se enseña. Más allá de las comparaciones posibles, esto va a permitir crear un ambiente pluricultural en el aula. Una cultura no se impone a otra sino que todos aprenden.
Por último, el enseñante de ELE va a necesitar comprender el contexto y necesidades de cada alumno. Más allá de tener inteligencia emocional, también tendrá consciencia de esta nueva sociedad audiovisual y de cómo esto afecta a los alumnos de diferentes edades. En los alumnos de edades más jóvenes, tratar la falta de concentración causada por múltiples estímulos consciente y en los alumnos de edades más avanzadas, introducirles a estas nuevas tecnologías
divendres, 18 de setembre del 2020
Presentación
Me llamo Carla y tengo 19 años. Llegué a París desde Barcelona en 2018 para cursar un doble grado de Arqueología e Historia del Arte, que finaliza este año. Aunque mi experiencia laboral es bastante amplia para mi corta edad, se basa en trabajos para estudiantes de corta duración que, aunque interesantes, nunca me apasionaron.
De entre todos esos trabajos, mi experiencia como profesora particular de español, inglés, italiano e alemán ha sido la más satisfactoria. Pese a que la enseñanza de las otras lenguas fue la que me inició ,ya en España, a la docencia ; no hay nada más satisfactorio para mi que enseñar mi lengua materna. Pensar que alguien está interesado por mi lengua y por mi cultura (y la de tantos otros) me resulta conmovedor.
Fue ese sentimiento el que despertó en mí al final de mi educación secundaria el deseo de tener algún día un certificado o un título parecido a este. La opción de cursar un máster en relación a este tema o cursar filología hispánica había rondado por mi cabeza desde los quince años. El año pasado, al conocer mejor el Instituto Cervantes y conocer la existencia de este curso, me dije que era el momento y el lugar para hacerlo. Me gusta pensar que gracias a este curso podría viajar a otros países menos cercanos a España que Francia y encontrar a alumnos apasionados por el castellano. Espero que estas dos semanas me sirvan también para reconectar con el español, mi lengua materna. Mi educación siempre ha sido en catalán y desde hace dos años en francés, lo cual merma en mi forma de redactar esta lengua haciéndome cometer frecuentemente galicismos o catalanismos.
Al finalizar este curso espero poder contemplar la enseñanza del español como profesión y haber podido hacer un pequeño trabajo de estudio de mi lengua.